A mi salida de clases, Papá me esperaba en Cinemateca abajo de la escuela. Estaba de visita en Montevideo porque había pasado por el aeropuerto a dejar un par de besos y dos despedidas.
Cuando entré a la sala, las luces todavía estaban prendidas.
Cuando entré a la sala, las luces todavía estaban prendidas.
No fue dificil encontrar al señor de chaqueta con un libro de Proust en la mano acomodándose en una butaca de la sexta fila.
Vimos una independiente y Lola se iba de su pais buscando su lugar.
Al final me vio llorar, "es que últimamente me cuestan los finales hasta de las peliculas". Pensé en lo poco que falta para que yo haga lo mismo que Lola, me dolió pensar que eso siempre implica estar lejos.
Vimos una independiente y Lola se iba de su pais buscando su lugar.
Al final me vio llorar, "es que últimamente me cuestan los finales hasta de las peliculas". Pensé en lo poco que falta para que yo haga lo mismo que Lola, me dolió pensar que eso siempre implica estar lejos.
Este mediodía hablamos de los conciertos a los que fuimos cuando todos eran jovenes y yo era una niña. Me acordé de aquel en el parque por la noche, yo tan cerca del pasto intentando ver algo entre el tumulto de la gente. Me pregunté cuando fue que empecé a medir uno-setenta.
Quedamos solos junto a los créditos y lo abracé fuerte. Pensé en la primera vez que fuimos al cine a ver ET cuando tenía seis (llevaba medias rayadas, falda azul). Pedí que nunca sea la última vez que una película nos tenga al frente juntos.